…ya no sé qué hacer con mi vida al verme acá en esta prisión, encerrada entre estas cuatro paredes. Me entra una desesperación. Día a día me agobio más. Quisiera que todo eso fuera un sueño y despertarme al lado de mi hijo quien en este momento me necesita.
No existe una licencia para traficar drogas
Tengo 36 años, y soy de nacionalidad Boliviana. Quiero contarles el problema que estoy pasando en estos momentos muy tristes de mi vida.
He aquí algunos detalles de mi vida.
Antes servía comida, ahora sirvo una sentencia
Escribo esta carta para contar mi historia.
Soy de Perú, de la provincia de Pucallpa. Soy una mujer humilde, madre soltera de un hijo de 12 años.
La llamada que no debí contestar
Escribo esta carta para compartirles sobre mi situación. Primeramente deseo contar un poco de mi historia.
Soy la menor de 8 hijos, este año cumpliré 37 años. Comencé a trabajar de niñera cuando tenía 12 años. Lo hice porque sentía la carga de ayudar a mi padre quien siempre luchaba por nuestro sustento, para la comida y los estudios de sus hijos.
Vida de perro, pena de mula
En 2009, tres uruguayos fueron detenidos en China por tráfico de cocaína. Pasaron 10 años lejos de su mundo, cumpliendo penas mucho más severas que las previstas en Uruguay. Ahora uno quedó libre y otro tacha los meses para salir. La tercera espera un milagro: zafar de la cadena perpetua.
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Nota: Esta historia fue escrita por Paula Barquet para el diario uruguayo El País, en el suplemento Qué Pasa el día 20 de enero, 2019. Publicada aquí con el permiso de la autora.
Desechado y despojado al otro lado del mundo
Soy Venezolano de 31 años de edad, trabajador de varios oficios y padre de familia. Quedé desempleado y tuve que trabajar por cuenta propia debido a que soy padre de dos niños, una niña y un bebé que todavía no había nacido.
La ceguera que nubló mi juicio
Soy de nacionalidad peruana, de 56 años de edad, madre soltera y quiero hacer conocer mi historia por la cual me encuentro prisionera en Hong Kong por traficar drogas peligrosas.
Misión: Cortar. Pintar. Soldar. Vivir.
Relato mi experiencia especialmente a las personas que hoy disfrutan de su libertad y que son personas de bien.
Me encuentro preso por tráfico de estupefacientes. Tengo 52 años soy técnico industrial. Trabajaba en Estados Unidos con una buena empresa en la fabricación de estructuras para edificios y mansiones.
Ahogado por la ambición y la avaricia
Tengo 34 años y estoy preso en una cárcel de Hong Kong hace casi un año.
En estas palabras quería transmitirle algo de mi historia y lo que me trajo hasta esta situación. Hace poco más de dos años yo vivía en Colombia una vida felíz y muy buena. Trabajaba humildemente.
Entre la espada y la pared: perdí mi trabajo y ahora mi libertad
Tengo 40 años y soy Argentino.
Por razones laborales y por mi hijo, emigré por segunda vez a Bolivia.
Después de unos cuantos meses de bonanza económica, perdí mi trabajo por reducción de personal. Mientras buscaba una nueva labor me atrasé en el pago de manutención para mi hijo y al tercer mes tuve que parar el pago de la misma.
Desesperada madre soltera deja a hijos en total desamparo
Muchas personas, me dicen que para qué continuar escribiendo para esta campaña si ya he sido sentenciada. Sí, es cierto, pero ello no importa pues con esta campaña estoy contribuyendo para que muchas personas la vean y le presten la atención necesaria y no se dejen manipular, ni se dejen llevar por la mala situación por la que estén atravesando.
Un cálculo con todas las de perder
Soy de Perú. Les escribo desde la prisión de Lai Chi Kok en Hong Kong en donde estoy a la espera de una sentencia muy larga de muchos años. Estoy detenido por manufactura de drogas peligrosas. Fui contratado por unos chinos y por no pagarme me entregaron a la policía y a pesar de eso hacen todo lo posible para que caiga en mí todo el peso de la ley.
De vendedora de popcorn en Lima, a mula de cocaína en Hong Kong
Esta es la historia de cómo traje 185 bolsas de cocaína líquida en mi estómago.
Yo solía trabajar como vendedora de popcorn en una tienda y también ambulante en la calle Abancay, en Lima. Allí conocí a un hombre que se acercó a comprar y me comentó sobre el trabajo en Hong Kong. Su nombre es “Tony”.


