El clavo que selló mi ataúd

Tengo 76 años y nací en Lima, Perú. Soy soltero y tengo dos hijos, uno de 45 años de edad y una hija de 35, mas no he sabido nada de ellos en más de 30 años. Mi familiar más cercano es (¿o era?) mi hermana de 65 años, la cual estaba hospitalizada a causa de cáncer de mama desde antes de mi viaje a Hong Kong. Ahora no sé si sigue con vida pues no tengo cómo llamar, ya que no recuerdo los números porque están en el teléfono que la policía incautó y no hay forma de obtenerlo de vuelta o poder pedir los números, ya que hace parte de la evidencia.

Yo vivía en Lima en una casa de herencia familiar, pero me fue robada por mala gente y quedé viviendo en la calle. No tenía trabajo ya que a mi edad es difícil encontrar empleo. A veces cuidaba carros y podía conseguir para comer y poder dormir en un hotel de 20 soles la noche (algo así como 8 dólares USD). A veces tenía que pedir comida en algún restaurante cuando ya estaban por cerrar.

Justo un día de esos, un hombre me vio en el restaurante pidiendo comida. Recuerdo que me miraba fijamente y, al yo salir, él me salió al encuentro a pocos metros de allí y me llamó.

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Mi amiga la enemiga

Soy Peruana, tengo 22 años. Soy madre soltera. Tengo un hijo de cinco años. Ahora me encuentro en una prisión de Hong Kong. Llevo ya un año y tengo acusación por tráfico de droga. Quiero, a través de esta carta, pedirles y rogarles que por favor no se dejen engañar por falsas promesas de trabajo sin antes verificar de qué trabajo se trata, ningún trabajo ni dinero vale tu sufrimiento ni el sufrimiento de tu familia.

Ahora quiero contarles lo que me aconteció.

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La llamada que no debí contestar

Escribo esta carta para compartirles sobre mi situación. Primeramente deseo contar un poco de mi historia. 

Soy la menor de 8 hijos, este año cumpliré 37 años. Comencé a trabajar de niñera cuando tenía 12 años. Lo hice porque sentía la carga de ayudar a mi padre quien siempre luchaba por nuestro sustento, para la comida y los estudios de sus hijos.

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Un cálculo con todas las de perder

Soy de Perú. Les escribo desde la prisión de Lai Chi Kok en Hong Kong en donde estoy a la espera de una sentencia muy larga de muchos años. Estoy detenido por manufactura de drogas peligrosas. Fui contratado por unos chinos y por no pagarme me entregaron a la policía y a pesar de eso hacen todo lo posible para que caiga en mí todo el peso de la ley.

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La puerta que nunca debes abrir

Me dirijo a ustedes mis hermanos en Cristo Jesús, con el respeto y aprecio hacia sus persona, para contarles lo malo que paso, y aconsejarlos, para que no cometan el mismo error que yo cometí.

Soy de Perú. Fuí contratado por una persona de apodo “el chato”, para hacer un trabajo ilegal aquí en Hong Kong, pero ellos me entregaron a las autoridades para no tener que pagarme, porque solo piensan en el beneficio y bienestar de ellos mismos, sin importarles nada ni nadie.

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