Playa, calle, cárcel

Soy de la isla de Mallorca (España), y fui detenido en el aeropuerto internacional de Hong Kong por llevar en una maleta pastillas con una sustancia ilegal conocida como «éxtasis», en concreto unas 14.000 pastillas con un total de 2,367 kg.

Actualmente tengo 58 años y estoy en Stanley Prison pendiente de comparecencia en la corte suprema para obtener la sentencia sobre mi caso, ya que me declaré voluntariamente culpable.

Deseo relatar la historia de mi vida y explicar cómo me equivoqué y cometí el error por el que ahora estoy en esta situación anómala de prisionero en Hong Kong.

Sigue leyendo Playa, calle, cárcel

Manipulado por mi ingenuidad

Antes confiaba fácilmente en las personas, pensando que todos eran buenos. Quizás por mi ingenuidad y falta de experiencia. Nací en una familia respetable durante una época difícil en mi país, marcada por conflictos y crisis. Esto nos obligó a cambiar de lugar constantemente.

Estudié desde niño con la meta de ser profesional. Me gradué, cumplí mi servicio militar, y luego ingresé a la universidad para estudiar ingeniería comercial. Trabajaba de día en seguridad privada y tenía varios amigos cercanos de la universidad.

No entendía cómo operaban los negocios ilegales ni cómo personas aparentemente buenas engañaban y manipulaban profesionalmente a otros.

Sigue leyendo Manipulado por mi ingenuidad

El clavo que selló mi ataúd

Tengo 76 años y nací en Lima, Perú. Soy soltero y tengo dos hijos, uno de 45 años de edad y una hija de 35, mas no he sabido nada de ellos en más de 30 años. Mi familiar más cercano es (¿o era?) mi hermana de 65 años, la cual estaba hospitalizada a causa de cáncer de mama desde antes de mi viaje a Hong Kong. Ahora no sé si sigue con vida pues no tengo cómo llamar, ya que no recuerdo los números porque están en el teléfono que la policía incautó y no hay forma de obtenerlo de vuelta o poder pedir los números, ya que hace parte de la evidencia.

Yo vivía en Lima en una casa de herencia familiar, pero me fue robada por mala gente y quedé viviendo en la calle. No tenía trabajo ya que a mi edad es difícil encontrar empleo. A veces cuidaba carros y podía conseguir para comer y poder dormir en un hotel de 20 soles la noche (algo así como 8 dólares USD). A veces tenía que pedir comida en algún restaurante cuando ya estaban por cerrar.

Justo un día de esos, un hombre me vio en el restaurante pidiendo comida. Recuerdo que me miraba fijamente y, al yo salir, él me salió al encuentro a pocos metros de allí y me llamó.

Sigue leyendo El clavo que selló mi ataúd

Una víctima en la mira

Tengo 22 años de edad y escribo esta carta para que no acepten los tratos de traficantes que llevan por mal camino.

Antes de venir a Hong Kong mi situación siempre fue complicada por que tenía dificultad de conseguir trabajo, pues la pandemia había afectado mucho el mercado laboral.

Yo trabajaba vendiendo ropa por las mañanas y trabajando como mesera en pizzerias para ayudar a mi papá que sufría de problemas cardiacos y necesitaba una cirugía urgente. Con lo que ganaba no me bastaba para pagar las consultas y los exámenes médicos ni los medicamentos. Tuve que abandonar mis estudios para ayudar con los gastos cotidianos.

…cada vez que llamaba escuchaba a mi papá llorando y diciendo que no quería morir.

Trabajé desde los 14 años para hacerme cargo de mi educación y ayudar a mi padre ya que solo nos tenemos el uno al otro. Con el tiempo, los tratamientos no le hacían efecto y fue internado al hospital varias veces. Me tocó ver qué hacer para mantener mi trabajo, cuidar de mi padre y conseguir dinero para los gastos médicos. Habíamos retirado dinero del banco para pagar las deudas. Empecé a doblar turnos en la noche, a hacer horas extras e ir a trabajar por las mañanas, a hacer trabajos domésticos y buscando cualquier otro trabajo para ganar más aunque eso implicara no poder descansar y no poder pasar tiempo con mi padre que ha medida que pasaban los los meses su salud empeoraba.

Sigue leyendo Una víctima en la mira

Sesenta y ocho cápsulas de desesperación

Alabado sea el Señor.

Tengo 35 años y soy madre soltera de un niño de 9 años. Soy una cristiana de origen humilde de Nairobi, Kenia.

Esta es mi historia.

Fui criada por una madre soltera que falleció en 2015. La vida ha sido muy dura para mí y mis hermanos desde que nuestra madre falleció.

Recuerdo que mamá pasaba hambre la mayor parte del tiempo para sacrificar comida para nosotros. Todos los sábados pedía ayuda a la iglesia, y con lo poco que conseguía ahorraba para pagar mis estudios de secundaria, ya que yo había rendido muy bien en primaria. Sólo consiguió enviarme a un internado después de que una organización llamada Well Wishers recaudara fondos para mí. Mientras tanto, mi hermano iba a una escuela diurna, pero de vez en cuando lo mandaban a casa por no poder pagar las tasas. Doy gracias a Dios porque al final conseguimos terminar el instituto. Fue una pena perderla. Me dolió porque nunca llegó a saber cómo me desempeñaba. Nos dejó con nuestra sobrina y tuvimos que criarla solos. La vida nos enseñó a ser responsables desde muy jóvenes.

Durante todo este tiempo, mi hermano y yo tuvimos que hacer trabajillos para sobrevivir, pagar las facturas y mantener a nuestra sobrina hasta que conseguimos un empleo estable. Fui a la universidad después de que mis familiares me ayudaran a pagarme la carrera de ingeniería y, después de 2018, quise montar mi propia empresa de instalación de biodigestores. Necesitaba crear un sitio web para mi empresa, pagar mi página de Facebook, capital para imprimir folletos para marketing y montar una oficina. Así que me puse en contacto con un amigo mío que trabajaba para una agencia de microfinanciación y que me ofreció un pequeño préstamo, que debía pagar mensualmente con intereses. Conseguí montar mi empresa y el negocio fue viento en popa hasta que llegó la pandemia de COVID.

Sigue leyendo Sesenta y ocho cápsulas de desesperación

ATENCIÓN: El dinero fácil cuesta más

Soy una mujer de 38 años nacida en Kampala, Uganda. Mi padre tuvo seis hijos con mi madrastra y nueve con mi madre. Mis hermanos y yo no estamos unidos, ni ellos lo estaban a mi madre.

Nuestra situación familiar no era favorable y carecíamos de todo. Mi padre era un soldado del ejército gubernamental con unos ingresos modestos que apenas cubrían nuestros gastos domésticos. Desde muy pequeño comprendí que tenía que trabajar duro para sobrevivir.

Estaba en cuarto de bachillerato cuando nuestro padre desapareció y nos dejó sin ingresos. No sabíamos por qué ni adónde había ido. Incluso el ejército le estaba buscando. Nos dejaron en la miseria.

Un día, decidí huir de casa debido a las duras condiciones a las que nos enfrentábamos. Estuve separada de mi familia durante siete años sin que supieran mi paradero. Cuando regresé, me había perdido la mayor parte de la escuela secundaria.

Sigue leyendo ATENCIÓN: El dinero fácil cuesta más

Capturan a alias “Otoniel”, el narcotraficante más buscado de Colombia y jefe del Clan del Golfo

El máximo jefe del Clan del Golfo y el narcotraficante más buscado de Colombia, Dairo Antonio Úsuga, alias «Otoniel», fue capturado este sábado, según le indicaron a CNN fuentes del gobierno y la Policía Nacional.

“Este es el golpe más duro que se le ha propiciado al narcotráfico en este siglo en nuestro país. Este golpe solamente comparable con la caída de Pablo Escobar en los años 90”, dijo el presidente Iván Duque en declaración pública tras la captura.

Sigue leyendo Capturan a alias “Otoniel”, el narcotraficante más buscado de Colombia y jefe del Clan del Golfo

Mi amiga la enemiga

Soy Peruana, tengo 22 años. Soy madre soltera. Tengo un hijo de cinco años. Ahora me encuentro en una prisión de Hong Kong. Llevo ya un año y tengo acusación por tráfico de droga. Quiero, a través de esta carta, pedirles y rogarles que por favor no se dejen engañar por falsas promesas de trabajo sin antes verificar de qué trabajo se trata, ningún trabajo ni dinero vale tu sufrimiento ni el sufrimiento de tu familia.

Ahora quiero contarles lo que me aconteció.

Continúa leyendo