La llamada que no debí contestar

Escribo esta carta para compartirles sobre mi situación. Primeramente deseo contar un poco de mi historia. 

Soy la menor de 8 hijos, este año cumpliré 37 años. Comencé a trabajar de niñera cuando tenía 12 años. Lo hice porque sentía la carga de ayudar a mi padre quien siempre luchaba por nuestro sustento, para la comida y los estudios de sus hijos.

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Entre la espada y la pared: perdí mi trabajo y ahora mi libertad

Tengo 40 años y soy Argentino.

Por razones laborales y por mi hijo, emigré por segunda vez a Bolivia.

Después de unos cuantos meses de bonanza económica, perdí mi trabajo por reducción de personal. Mientras buscaba una nueva labor me atrasé en el pago de manutención para mi hijo y al tercer mes tuve que parar el pago de la misma.

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Desesperada madre soltera deja a hijos en total desamparo

Muchas personas, me dicen que para qué continuar escribiendo para esta campaña si ya he sido sentenciada. Sí, es cierto, pero ello no importa pues con esta campaña estoy contribuyendo  para que muchas personas la vean y le presten la atención necesaria y no se dejen manipular, ni se dejen llevar por la mala situación por la que estén atravesando.

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Un cálculo con todas las de perder

Soy de Perú. Les escribo desde la prisión de Lai Chi Kok en Hong Kong en donde estoy a la espera de una sentencia muy larga de muchos años. Estoy detenido por manufactura de drogas peligrosas. Fui contratado por unos chinos y por no pagarme me entregaron a la policía y a pesar de eso hacen todo lo posible para que caiga en mí todo el peso de la ley.

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El taxi que me llevó de Buenos Aires a Hong Kong

Soy Walter Casas* de nacionalidad Argentina, y estoy preso en Hong Kong, por tráfico de droga.

La situación laboral en mi país es complicada y luego de buscar y buscar un trabajo no di con ninguno. Necesitaba dinero ya que quería estudiar psicología y no podía mantener la carrera.

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Las cápsulas de mi condena

Soy Argentino hace unos años me fui de mi país por trabajo, estuve trabajando y viviendo en Bolivia también formé una familia.

En el trabajo me estuvo yendo bien un tiempo hasta que un ajuste de personal me dejó en la quiebra. En la búsqueda de un nuevo empleo conozco a Sebastián — con el que empezé a tener una buena relación. Entonces le pedí un favor, una suma de dinero suficiente para seguir manteniendo a mi familia hasta conseguir un nuevo trabajo. Todo iba bien hasta que Sebastián comenzó a presionarme para que saldara mi deuda hasta el punto de amenazarme diciendo: “A vos no te va a pasar nada pero sé que tenés hijos acá.”

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