Soy de la isla de Mallorca (España), y fui detenido en el aeropuerto internacional de Hong Kong por llevar en una maleta pastillas con una sustancia ilegal conocida como «éxtasis», en concreto unas 14.000 pastillas con un total de 2,367 kg.
Actualmente tengo 58 años y estoy en Stanley Prison pendiente de comparecencia en la corte suprema para obtener la sentencia sobre mi caso, ya que me declaré voluntariamente culpable.
Deseo relatar la historia de mi vida y explicar cómo me equivoqué y cometí el error por el que ahora estoy en esta situación anómala de prisionero en Hong Kong.
Nací en una familia de clase social media. Mi padre trabajaba en Banco de Santander. Mi padre siempre fue un hombre familiar, sin vicios, honrado, honesto y nos inculcó los valores de honestidad y legalidad a mi hermano y a mi.
Mi madre, ama de casa, cuidaba siempre de la familia siempre con afán y cuidado. Mi padre falleció en el 2017 y mi madre se encuentra ingresada en una Residencia para la tercera edad en Mallorca y tiene la edad de 87 años.
En mi infancia no tuve ningún lujo, pero no me faltaron nunca las cosas básicas y necesarias para vivir como un niño de clase social media y nunca me faltó alimento, así como todo lo necesario para un escolarización adecuada a mi edad. En ese tiempo la educación primaria era de primer curso a octavo curso y yo destacaba obteniendo buenas notas en todas las materias que se impartían. Cuando finalice la educación primaria comencé la educación secundaria también obteniendo buenas calificaciones, pero quedó interrumpida al empezar a trabajar en un Banco a la edad de 16 años, y así continué hasta llegar a ser Director de sucursal. Dejé mi profesión de bancario el año 2012 todo ello combinando con mis estudios en la Universidad de la licenciatura de Económicas en horario nocturno.
En 1991 me casé por primera vez y tuve a mi único hijo, transmitiéndole los mismos valores adquiridos de mis padres de honestidad, legalidad y honradez.
En 2015, con ahorros y préstamos, adquirí una empresa de alquiler de hamacas y sombrillas en una playa del norte de Mallorca. Los primeros años no iban las cosas mal, podia amortizar la inversion realizada aunque no toda ya que cada temporada tenia que liquidar con el Ayuntamiento una taza elevada antes de cada verano, así como hacer frente a los gastos inherentes de la actividad como pagos al personal y otros.
Con la aparición de COVID-19 en marzo de 2020, mi situación di´ó un giro inesperado y me conduje a una situación de ruina total. Ese año las playas fueron clausuradas o limitadas su aforo, provocando pérdidas totales. El Ayuntamiento no tuvo la piedad en el cumplimento del pago de la taza ese fatídico año e incluso el siguiente.
En 2020 ya estaba separado de mi primera esposa. Mi segunda esposa se separó de mí al caer en ruina económica.
En dos años perdí todo: incluso mi casa valorada en 220.000 €, que consistía en un edificio unifamiliar de tres plantas con piscina propia en una de las mejores urbanizaciones de Mallorca, tuve que trasladarme a casa de una amiga que me dejó un cuarto donde poder dormir.
En 2022 intenté un negocio de hostelería para superar pérdidas, pero fracasó y me llevó a más ruina.
En agosto de 2023 viajé a Ámsterdam, animado por un supuesto amigo que me prometió trabajo cuidando una casa durante un año y con un sueldo de 2.500 € al mes. Al no tener ninguna expectativa mas para poder obtener algún tipo de ingreso, accede, pero cuando llegaba a Amsterdam por tren desde Lyon tras salir de Palma sin apenas dinero, recibí un mensaje cancelando el trabajo sin más explicaciones.
En Ámsterdam, sin dinero para comer ni hospedaje, caí en la mendicidad, buscando comida entre la basura y dormía en la calle o bajo un puente, sufriendo frío y lluvia, miedo y ansiedad constantes.
Amsterdam es una ciudad conocida por su libertad de vicios tipo sexual, de drogas, etc. Cuando dormía en la calle nunca estuve seguro de volver a despertar al día siguiente. En mayo de 2024 cuando en la calle conocí a un hombre de Surinam que me dijo que tenia un hermano propietario de un restaurante en Malta, otro en Antillas y otro en Hong Kong y necesitaba que una persona con pasaporte transportase una maleta con productos alimenticios, me dijo (después de varias veces que nos encontramos en la calle) que me pagaba una semana de hotel en Hong Kong, así como gastos del viaje, me dio 500 € y yo dado mi mal estado de mendicidad y depresión, acepté.
Es cierto que al llegar al aeropuerto de Hong Kong sospeché que la maleta podia no contener productos alimenticios y mas bien si algo ilegal, pero desconocía el contenido porque no la había abierto desde que me fue entregada en Amsterdam y dada mi nefasta situación solo tuve ojos parea poder pasar una semana de hotel gastos pagados y estar una semana durmiendo cómodamente en una cama, después de 10 meses viviendo y durmiendo en la calle era como un sueño para mi.
Cuando llegué a la aduana en el Aeropuerto de Hong Kong comprendí mi equivocación y que nunca tendría que haber aceptado el transporte de esa maleta.
Me arrepiento cada día; reconozco que este trato podría causar daños irreversibles a la salud humana y sólo pido perdón por ello y espero que mi experiencia honesta evite que otros, especialmente homeless como yo, xpasen por lo mismo.
No lo hagan. No arruinen sus vidas por una transacción de dinero.
Aunque les ofrezcan mucho dinero, no lo hagan, recapaciten. No piensen que esto es un «trabajo.» Todos tenemos familia, padres, hijos, esposa, hermanos. No escojan este camino, no lleva a nada bueno.
La droga que transportan, si no es interceptada, solo servirá para algo malo y destrozará familias; y si es interceptada, tendrán privación de libertad durante muchos años. Cuando vuelvan a ser libres, ya nada será igual: las relaciones con su familia, las calles de sus ciudades… todo habrá cambiado. Y sobre todo, porque el tiempo solo va en una dirección: serán más viejos.
Note: Esta carta ha sido ligeramente editada para redactar detalles personales.




